Hace más de veinte años contar con un medio que te permitiese convocar a la gente alrededor de tus actividades -arte, negocios, aficiones, amistad, etc.- resultaba en extremo limitado.
La interacción entre las personas se suscribía, aparte del encuentro directo, al teléfono y en menor proporción al correo tradicional.
Éste último era lento y se acostumbraba poco. Y en el caso de convocar a personas en tu misma localidad resultaba inusual, quizá por lo poco práctico.
Si a esto le añadimos la casi nula cultura de la promoción y difusión en el medio de los profesionistas independientes y de los microempresarios, resulta que en los primeros las oportunidades de trabajo surgían por las redes de contacto directas que se tenían; en el segundo caso, por la exposición pública o por las típicas inserciones en los periódicos.
De la difusión de aficiones particulares supongo que menos aún.