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miércoles, 26 de mayo de 2010

Planeación. Un buen remedio contra el estrés



Mónica es una profesionista a la que he estado entrenando desde hace ya seis meses. Hay varios proyectos que desea lograr este año y uno de ellos es poder contar con su propio sitio en internet como parte de su estrategia.



Al principio, como generalmente hago, llevé a Mónica a definir su proyecto y a desarrollar un plan de trabajo adecuado que le permita alcanzar sus objetivos, no sólo para este año sino para un escenario más amplio y de largo plazo.

Por lo general, sucede que el primer momento de este trabajo se acompaña de un natural entusiasmo y una visión muy simplificada de lo que implica lograr ciertas metas. Poco a poco se va asumiendo el panorama real; es decir, al ir desglosando con detalle todas las tareas que un proyecto implica se comprenden muchas cosas, que de hecho son necesarias para poder comenzar a trabajar. Mi reto, en parte, consiste en llevar a la persona a que no pierda la intención y la organización necesarias para concretar los objetivos.

A las pocas semanas de comenzar ella se dio cuenta de la impostergable necesidad de aprender otras maneras de planear sus actividades, dándose cuenta que sus patrones típicos de resolver eran los que le habían impedido lograr muchos resultados en el pasado.

Le propuse varios métodos y herramientas que podrían funcionar en su caso, poniendo la prioridad en que fuesen fáciles de implementar y fáciles de entender.

Fue probando y acomodándose a estos recursos en las siguientes semanas. Cuando le pregunté qué resultados veía en la implementación de estos métodos su respuesta no se basó en una explicación “técnica” sino en la sensación que le producía. Sólo me dijo: “me siento más tranquila”.

Pienso que esto es lo central. A fin de cuentas, el lograr ciertas metas, conquistar resultados, sólo te lleva a sensaciones satisfactorias que no sólo aportan un momento agradable, también cimientan los logros futuros, porque es un hecho que cuando uno se da la oportunidad de romper con sus esquemas inservibles pero conocidos; cuando uno se atreve a cambiar actuando y no sólo pensando en la posibilidad, sucede que la realidad cambia y uno también, simultáneamente. Es el poder de la acción, pero el poder de la acción planeada, programada, valorada, organizada con la finalidad de obtener resultados.

Cuando decidimos tomar la responsabilidad de nuestras acciones con el fin de lograr resultados positivos en nuestra vida, es inevitable que al alcanzar la meta, que en muchísimas ocasiones es más pronto de lo que esperamos, sobreviene una sensación de satisfacción, libre de estrés.

Según dicen, una hora de planeación nos ahorra al menos cinco horas de trabajo. Estoy seguro que ése no es el único beneficio, el trabajo logrado es más probable que sea de mejor calidad, y la calidad te hace más competente.

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