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martes, 29 de junio de 2010

Cómo salir de la zona de confort



¿Has oído hablar de ella? ¿Sabes en que consiste?

Te contaré algo para que quede más claro.



Mariana, a quien me encuentro entrenando, me dice que está dispuesta a cambiar su manera de operar, de funcionar. Acepta que tiene que hacer cosas nuevas pero eso no quita que le resulte difícil.

Llevamos ya varios meses trabajando en su proyecto y ha logrado cosas importantes; sin embargo, la parte del proceso que más le cuesta trabajo es una de las más determinantes: aplicar nuevas habilidades que permitan atraer prospectos hacia lo que sabe, y que definitivamente puede ser de gran utilidad para muchas personas.

Ella se siente segura del valor de lo que puede ofrecer y además le apasiona su tema.

Le ha tomado muchos años llegar hasta donde está, y en este momento ya está lista para ponerlo a disposición y vivir dignamente de ello.

Pero eso no basta para poderlo vender. Hay que salir a ofrecerlo y eso implica  incorporar habilidades muy necesarias.

Mientras se trate de realizar tareas teóricas o analíticas se siente cómoda porque después de todo son cosas conocidas, le son familiares, pero cuando se trata de algo distinto a lo que está acostumbrada las resistencias surgen.

La zona de confort

Prefiero llamarla la "zona conocida" . Está conformada por todos aquellos hábitos que nos son familiares, confortables, pero más importante que eso, desde mi punto de vista: es la serie de conductas, rutinas y creencias que bloquean toda posibilidad de cambio.

Porque, hay que decirlo, con el cambio sucede algo paradójico: todos, o casi todos, lo deseamos pero al mismo tiempo lo tememos.

¿A qué se debe esto?

A que lo desconocido nos provoca inseguridad, incertidumbre y eso nos limita, nos condena a continuar en lo mismo, en eso que ya no es agradable o motivante . Sentimos que ya cumplió su cometido, pero no nos atrevemos a provocar el nuevo escenario.

¿Y cómo salimos de ella?

Actuando, sólo actuando se rompen la limitaciones.

Deseamos certezas, pero no existen por sí mismas. De hecho no existe seguridad alguna, en ninguna parte. De modo que ¿para qué esperarla? mejor hacer que las cosas sucedan, aceptando que en todo hay riesgo y que cualquier decisión que se tome implicará alguna consecuencia.

Lo único cierto es que aquello que se desea encontrar podrá llegar en la medida en que uno mismo salga a a su encuentro.

Como dijera hace muchísimo tiempo Mevlana Rumi:

 

"Si quieres la perla sumérgete en el océano, si quieres seguridades quédate en la playa"


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