Si ya de por sí la cultura emprendedora no cuenta con mucha popularidad, el emprendimiento relacionado con la red muchísimos menos.
Ambos, sin embargo, presentan el mismo desafío, entre muchos otros, y que muchísima gente no está dispuesta a afrontar: el aprendizaje continuo.
¿Razones? debe haber muchísimas, pero sospecho que la más común es la de pensar que solo se estudia hasta cierta edad: lo aprendido debe servir para el resto de nuestra vida.
Probablemente esta idea se popularizó en épocas donde los cambios no eran tan frecuentes. En el momento presente eso suena más a suicidio.
Por allá de los cincuenta y sesenta del siglo pasado, la aspiración, sobre todo de la clase media, era la enseñanza profesional: tener el título de licenciatura.
Y eran muy pocas las personas que aspiraran a títulos de maestría o doctorado.
A principios de los ochenta, contar con título de licenciatura al menos te permitía conseguir un empleo, inclusive en la academia misma: mal pagado pero empleo al fin.
Ya para entonces era muchísimo más popular la aspiración a la especialización, pero todavía era opcional.
Hace poco me enteré de la tendencia creciente en las universidades a sólo aceptar aspirantes a la planta académica que cuenten con alguna especialización, y para dar sólo clases de licenciatura.
¿Esto qué nos dice?
(Al margen de ver que la enseñanza académica hizo crisis hace mucho, por lo menos a mí me queda claro)
Se muestra obviamente que los cambios son cada vez más rápidos y la urgente necesidad de incorporar continuamente nuevos conocimientos.
Emprender en un mercado cada vez más globalizado exige mayor capacidad de adaptabilidad a los cambios, con más y mejores herramientas. No para aguantar los embates sino para aprovechar más inteligentemente las oportunidades.
Seguramente facilita afrontar el desafío el incorporar el aprendizaje continuo como hábito, como algo cotidianamente asumido, y que exige, por ende, abrirle un espacio permanente en nuestra vida.
Las resistencias las veo todo el tiempo: "eso huele a mucho trabajo" "ya no estoy para eso" "es que a mí eso no se me da", etc.
Pero quien se ponga las pilas adquirirá una capacidad única, y que definitivamente no se construye de la noche a la mañana. Demanda disciplina, paciencia, compromiso y aspiración sincera a dar lo mejor.
Además, aprender es una aventura excitante y enormemente gozosa.
Amplía nuestros horizontes derribando nuestras propias autolimitaciones y posibilita vivir cada día como algo alejado de la monotonía: algo extra-ordinario.
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