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miércoles, 8 de diciembre de 2010

Hábitos clave para el emprendedor 2.0. Parte 4

Curiosidad

La curiosidad es una de las capacidades fundamentales en la vida. Venimos equipados con eso, y apenas llevamos unos cuantos días en este mundo el foquito de encendido ya comienza a parpadear.

Es el impulso inicial, vital, hacia el aprendizaje, hacia la experimentación y hacia la oportunidad de llenar nuestra vida de vivencias fundamentales y transformadoras.

Y en el caso del emprendimiento es una herramienta de enorme utilidad.



La curiosidad, también, nos lleva inmediatamente a vivir el ensayo y error: único modo de aprender.

Quien esté dispuesto a emprender de corazón, estará idealmente dispuesto a no sólo saber desplegar la curiosidad innata sin autobloqueos de ninguna clase, sino a convertirla en una de sus principales piezas estratégicas y, por supuesto, en uno de sus activos esenciales.

Cuando se es curioso o curiosa se está en disposición de probar: lo único que puede llevarnos a la innovación.

Atreverse es una de las mayores y más vitales aventuras. Se trata de romper las reglas, de inventar productos y provocar necesidades que nadie imaginó antes. Se trata, a su vez, de cambiar hábitos, pero sobre todo, de aportar algo valioso a las personas.

¿Y cómo poder innovar, y antes inventar, y antes todavía imaginar, si no existió la curiosidad inicial que disparó todo esto?

Ideas, ideas, ideas, miles de ideas que no se pueden quedar sólo en eso.

La diferencia entre un emprendedor y todos los demás es que, precisamente, no se queda en las ideas: las pone a prueba y, tanto si acierta como si se equivoca, siempre obtiene algo que lo acercará a la realización de su idea genial, a su innovación: a su aportación.

Pero más concretamente en el emprendimiento  ¿dónde se puede aplicar esa curiosidad?

Definitivamente en todo, pero lo relacionaré en esta ocasión con el artículo anterior sobre estos hábitos clave. En él escribí sobre el hábito de escuchar. Bueno, pues escuchar por escuchar solamente no nos llevaría a cosa alguna.

¿Pero qué tal si escuchamos a los demás con auténtico y sincero interés: con verdadera curiosidad?

Aparecerán muy probablemente las oportunidades, ya que, como mencioné en esa ocasión, a través de lo que expresamos a los demás hacemos visibles nuestras más profundas inquietudes.

Esto no quiere decir "sacarle la sopa" a la gente para saber qué se le vende. Significa interesarse realmente por ella. Generar y permitirse una empatía que, entre otras cosas, nos facilitará entender esas necesidades, saber si nosotros tenemos algo valioso para que esa persona resuelva su predicamento, y eventualmente hacer negocio, en un intercambio justo y claro.

Por otro lado, la curiosidad es poderosa. Tan poderosa que de no ser por ella Thomas Alva Edison no hubiera logrado perfeccionar la lámpara incandescente.

¿Recuerdas esta famosa frase que se le atribuye, en respuesta cuando alguien le recordaba los mil intentos fallidos antes de lograr su objetivo?

"No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla"


De no ser por esa poderosa curiosidad quizá todavía estuviésemos alumbrándonos con velas.


LA IMAGEN QUE ILUSTRA EL ARTÍCULO APARECE BAJO LICENCIA CREATIVE
COMMONS.
Foto: Emilio Prado.

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